Hipocresía (Cuento)

En la época en que cada uno nacía con su propio vestido, había un pueblo donde vivía una muchacha muy bonita que se llamaba Hipocresía quien nació con un vestido muy adornado. La gente la elogiaba, pero ella no estaba contenta porque todos en algún momento notaban que todos, en algún momento, notaban que los adornos de su vestido eran baratijas. Franqueza, la vecina de la calle siguiente tenia uno hermoso y a pesar de que era muy pobre, todos lodos la admiraban pues era de piedras verdaderas, piedras preciosas que brillaban y encantaban a todo el que la conocía. Ella al igual que todos los vecinos, había nacido en el mismo hospital del pueblo y había tenido ese vestido toda la vida así que todos tenían la certeza de que era original.

“Quiero un vestido que todos crean que es verdadero! – dijo una mañana Hipocresía- Así que he decidido que es hora de ir a la capital!!! Estuvo fuera del pueblo un tiempo y cuando ya casi nadie se acordaba de ella, de pronto, regreso… Traía un hermoso vestido lleno de brillo y de adornos bonitos que oscilaban al caminar, iban y venían adelante y atrás, cada vez que ella pasaba cerca de alguien, esos adornos lo acariciaban… Todas sus antiguas amigas se asomaron por las ventanas, Estupidez no la reconoció, Importancia la saludo pero no se dio cuenta de nada pues estaba muy ocupada, Farándula la adoro, quería un vestido igual! A Envidia le pareció que su vestido negro era mejor y cerro su ventana, pero le envió la invitación a su próximo matrimonio con Debilidad, su novio. Arrogancia se asomo por la ventana y exclamo: ¡Es igual al vestido que llevo puesto hoy! Pero apretó los labios cuando miro hacia abajo y se dio cuenta de que estaba desnuda.

¡Hipocresía estaba feliz! Con este vestido nuevo y todo lo que había aprendido en la capital, estaba segura de que triunfaría, este vestido era una copia muy cara de las piedras preciosas que todo el mundo admiraba en el vestido de Franqueza, pensó y siguió caminando con más ímpetu para que los adornos acariciaran a todos, aunque, debido a que el vestido nuevo tenia que ser puesto encima del propio, le apretaba y se sentía muy incómoda. Al doblar la esquina se le acerco Amabilidad quien, al verla tan elegante, la elogio. 

Adiós Hipocresía, le dijo, está muy lindo su vestido, ¡me gustaría tener uno igual!

A lo cual Hipocresía contesto: Muy amable, ahora soy una profesional y este vestido lo he conseguido perfeccionando mis habilidades, déjeme decirle que ahora mi nombre es Diplomacia…

Autora:

Karen G.

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